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Resultados o saborear el proceso. Tú eliges qué disfrutar.

  • hace 3 días
  • 4 Min. de lectura

Los expertos en redes probablemente dirían que no tengo una estrategia o un cronograma editorial. Y sí, lo tengo. Pero escribir ocupa un porcentaje importante del tiempo… y la inspiración -como se llama mi empresa, Inspirando Equipos- ocupa otro igual o mayor.

En la inspiración, cada persona es un mundo, cada cual tiene su momento del día, su hábito, su ritmo... En mi caso, nace de lo que observo al transitar la vida y, sobre todo, de lo experiencial. Mi momento es por la mañana, en soledad, tomando un buen café.


Esta semana ha sido intensa. He trabajado en cada proyecto -individual o colaborativo -como si fuera único, poniendo especial energía en trabajar una licitación junto a un gran equipo. "¿Sigues ahí frente al ordenador?" era una pregunta que me hacían en casa; y ahora, al profundizar en el ámbito de la neurofelicidad entiendo que ese nivel de concentración, absorción, energía y disfrute, no es casual: el tiempo cuando te gusta lo que haces pasa sin que apenas te des cuenta. Si además lo compartes con un equipo, el deleite es infinitamente mayor.


Los buenos equipos son como el café: pueden ser intensos o suaves, calientes y humeantes o fríos como el hielo, con matices especiales. Las personas cafeteras como yo, lo entenderán. Pero lo que es indiscutible es que siempre dejan sabor.


Y este sabor -intenso y agradable- me llevó a una reflexión: ¿Qué es más importante, el proceso, los resultados intermedios o el resultado final?


Desde la perspectiva de negocio, la respuesta es clara: el resultado importa. La calidad, la puntualidad y el retorno son claves, sin duda, pero disfrutar del proceso lo es más.


Cuando hablo de proceso, me refiero a ese conjunto de actividades y decisiones que transforman entradas en resultados – o inputs en outputs para quienes se sienten más cómodos con anglicismos.


La intensidad de la semana, especialmente los dos últimos días, me dejó exhausta. Tanto, que el viernes por la tarde, después de trabajar, decidí caminar 10.000 pasos porque no tenía energía ni para levantar pesas.


Mientras caminaba, con los cascos puestos y la música que siempre me acompaña, intentando soltar en cada paso el cansancio del día, mi mente no dejaba de hacerse una pregunta:


¿Disfrutamos los procesos o funcionamos en piloto automático?


Porque eso de vivir el aquí y el ahora… ¿es real o solo frases de taza de desayuno?


Paso a paso, conecté con distintas experiencias laborales en las que me centré más en el resultado que en el camino. Cuántas experiencias vividas. Cuantos aprendizajes. Cuántos proyectos apasionantes, además, con muy buenos resultados. Cuántas personas con las que he vivido momentos únicos.  Y quizás, en el fragor de la “batalla”, no éramos conscientes de lo extraordinario del momento. De cómo cada paso nos influía y nos construía individualmente y como equipo.

 

Hoy vivo cada proyecto con mayor seguridad y con el compromiso de siempre, aportando activamente, compartiendo ideas y opiniones. Al mismo tiempo, procuro hacerlo desde la humildad: abriendo espacios de confianza para entender nuevas perspectivas, contrastando ideas, aprendiendo de cada persona y de cada momento.


La experiencia me ha dado criterio, pero también la certeza de que siempre hay algo nuevo que aprender y que incorporar. Al final, he comprendido que cada experiencia construye lo que somos: cada puesto, cada proyecto, cada formación y, muy especialmente cada persona y cada equipo intercambian huellas que contribuyen al crecimiento profesional.


Mientras todo eso sucede… la vida también está ocurriendo: saborearla es imprescindible.


Y es que de lo que se trata es de cómo transitas ese trayecto mientras persigues el resultado. Porque el resultado llega -o no-, pero el proceso siempre ocurre, y es justo ahí donde suceden las cosas realmente importantes, donde aprendes, te equivocas, creces, interactúas y te relacionas.


El resultado es un momento, y por supuesto es muy importante, pero el proceso es donde transcurre la vida. Si pudieras volver atrás, ¿Aprovecharías más algunos instantes?


Volviendo a la caminata, mi cerebro conectó con los puestos por donde pasé como directiva, conecté con los diferentes equipos con los que tuve la suerte de compartir tiempo y espacio. El foco en resultados en ocasiones no nos hacía dar cuenta en ese momento de lo atractivo del proyecto, de los momentos vividos, de los procesos grupales experimentados, de las anécdotas, de las risas, los nervios compartidos…


Esta semana no sé aún el resultado final de todo el trabajo realizado, pero si sé algo con certeza es que he estado muy presente, he aprendido, he compartido, he sufrido y he disfrutado. Y es que, como dice mi querido amigo y compañero Arón, al que quiero dedicar este artículo, porque él es como el buen café, ambos coincidimos en el placer que supone poner toda la carne en el asador, “darlo todo” y hacerlo todo con pasión, pero también con mucho esfuerzo. No sabemos hacer las cosas a medias, y eso es entrega y entusiasmo.


Los proyectos terminan, cambiamos de empresas y de equipos o nos cambian, los objetivos se cumplen o se reajustan, pero la forma en la que lo vives...eso es lo que te construye, es lo que marca la diferencia.


El resultado valida, pero el proceso nos transforma.


 Así que dejo una pregunta a quien lea esto:


¿Estás esperando a que llegue el resultado para sentir satisfacción…o estás siendo capaz de encontrarla mientras avanzas?

 

 
 
 

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