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Hay cosas buenas que llegan a los 50

  • hace 5 días
  • 3 min de lectura

Les compartiré como me inspiro, sí, "inspirando equipos", que creé hace ya casi 5 años, también necesita momentos y musas para escribir, crear y reinventar...


Mi mejor momento del día para escribir es la mañana, muy temprano, en mi estudio. En invierno, cuando todavía persiste la oscuridad, en verano, cuando la ventana entreabierta deja colarse todo tipo de sonidos característicos del despertar del día.


Muchas veces es una sola frase la que enciende la chispa. Una frase escuchada al azar, incluso en un contexto que nada tiene que ver con aquello sobre lo que acabaré escribiendo. Otras veces, la inspiración llega a través de alguna de mis variadas musas: una vivencia, una película, una entrevista, una conversación o una reflexión que, de repente, resuena de una forma especial y me atrapa como un anzuelo.


Los seres humanos no somos tan diferentes. Recorro aulas universitarias desde hace ya más de 20 años, y me muevo por empresas de sectores muy distintos; trabajo con personas separadas por kilómetros de distancia, culturas y costumbres diversas. Sin embargo, los comportamientos, las emociones, los sentimientos, los conflictos, las dudas y las aspiraciones se parecen mucho más de lo que imaginamos.


Estos días estoy en modo "open mind", abierta a lo que venga. La frase que ha desencadenado esta reflexión la escuché a Candela Peña, una actriz extraordinaria y una mujer que, unas veces con humor inteligente y cercano y otras con reflexiones profundas consigue captar mi atención en cada intervención.


De aquella entrevista republicada en una red social hubo muchos comentarios sumamente interesantes. Después, leyendo entre los comentarios de las personas que como yo se quedaron atrapadas, uno que se quedó conmigo: "Hay cosas buenas que llegan a los 50", Y yo añadiría: también a los 55, a los 60 y más allá.


No hablo solo de pensamiento positivo o de actitud, aunque ambas ayudan. Hablo de una posición casi rebelde. Me refiero a la decisión consciente de no tirar la toalla. De seguir sintiendo curiosidad, de continuar aprendiendo, de atreverse a empezar proyectos nuevos cuando otros esperan que te conformes con gestionar lo ya conocido. También de tener la valentía de renunciar a todos aquellos que afectan de forma negativa a lo que en economía se denomina el coste de oportunidad.


Y quizás una de las cosas buenas que también llegan con los años es una forma diferente de relacionarse con la incertidumbre. No desaparece, de hecho, quienes emprendemos convivimos con ella con bastante frecuencia. pero aprendes a no dejar que ocupe todo el espacio, o que no lo haga de forma que te asuste y por tanto te desmotive o te bloquee.


Hace escasos dos días, en una mesa de tertulia entre personas emprendedoras, alguien comentó que cuando la motivación falla -porque inevitablemente hay días en los que falla-lo que te permite continuar son los hábitos y el método. Estoy de acuerdo. Y añadiría algo más: mantener una mente abierta. Ese open mind que te permite aceptar que no siempre tendrás todas las respuestas, que habrá caminos que se cerrarán y otros que aparecerán sin haberlos previsto. Quizás la experiencia no elimina la incertidumbre, pero sí te enseña a convivir mejor con ella.


Porque algunas de las mejores cosas no llegan cuando eres joven. Llegan cuando has aprendido a distinguir lo importante de lo accesorio, cuando ya no necesitas demostrar tanto y puedes dedicar más energía a construir, disfrutar y aportar. Cuando puedes explicar el contenido no sólo con la teoría, si no también desde la historia personal y compartida con otras personas.


Hay cosas buenas que llegan a los 50. Y otras muchas que solo llegan cuando decides que todavía te queda mucho por vivir y sigues abierto a que la vida te sorprenda y predispuesta a aprender.

 

 

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